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La arquitectura de los jardines en la historia

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Los jardines representan un vínculo creado por el hombre para reconciliarse con el mundo exterior. No existe civilización alguna que no haya expresado este concepto en sus diferentes formas. En sus comienzos, el jardín tuvo un significado místico y religioso asociado a la idea del Paraíso. A medida que el pensamiento religioso fue cediendo paso, sin renegar de sus orígenes el jardín asume también otras funciones: se convierte en un lugar de disfrute para luego convertirse en una necesidad intelectual y estética.

El jardín es una obra de arte por simple goce sensorial o incluso sentimental. Posee principios compositivos y de ordenación con determinadas combinaciones de formas, espacios y colores. El uso de determinados elementos expresa algunas necesidades fundamentales para el hombre, como por ejemplo el agua en todas sus variedades y los árboles para dar sombra o simplemente ornamentales. En el mundo del arte, el jardín ocupa un sitio particular al tomar posesión de la naturaleza, igual que el pintor lo hace con un objeto, cuando nos apropiamos de los árboles, las cascadas, las flores o las rocas para crear.

El jardín egipcio

Este tipo de jardín contaba con una disposición sumamente evolucionada y un fuerte sentido estético, favorecido por técnicas agrícolas e hidráulicas bastante avanzadas dentro de una civilización que poseía un alto nivel artístico. Por lo tanto, los jardines egipcios alcanzaron un desarrollo muy notable. Al principio, el jardín fue un lujo accesible sólo para los dirigentes y utilizado como el espacio exterior de la casa. Situado generalmente cerca de un río o canal, de forma regular, estaba dividido en grandes partes, cada una de ellas destinada a una especie (higueras, granados, acacias, sauces y tamarindos), en el medio de un estanque con plantas acuáticas (los famosos lotos azules, rojos y blancos). El espacio estaba cercado con una cortina de árboles o palmeras. Como consecuencia de las expediciones a Siria y Etiopia, se importan nuevas especies como almendro, cerezo, álamo y plátano; en el caso de los arbustos, el mirto, la rosa, el jazmín y la hiedra.

El jardín griego

En Grecia los jardines se usaban con fines sólo ornamentales en los edificios públicos, templos y gimnasios. A veces eran claros en los bosques o en una gruta. Consistían principalmente en grupos de árboles, debido a la necesidad que tenían los griegos de crear sombra (plátano, ciprés, álamo y olmo). Las flores, en especial la rosa, concentraron los esfuerzos de los "paisajistas" de aquella época, junto con los frutales y la vid.

El jardín romano, uno de los más antiguos

Con la civilización romana se inicia la verdadera historia del arte en el jardín. Los jardines de Babilonia, situados a orillas del Eufrates, se remontan al siglo VIII a. C. Se componían de varias terrazas superpuestas, sostenidas por arcadas que se apoyaban en pilares huecos, rellenados con grandes árboles y estatuas, armando de esta manera un recorrido. Las diferentes terrazas se comunicaban por grandes escalinatas y un ingenioso sistema hidráulico permitía llevar y traer el agua hacia ellas.

En sus orígenes, los jardines romanos tenían una función esencialmente utilitaria. Destinado para el cultivo de plantas comestibles, constituía un espacio cercado ubicado en la parte posterior de la casa. Luego, una pequeña parte del huerto se destinaba al cultivo de las plantas florales con la intención de utilizarlas para adornar las tumbas y los altares. Como consecuencia de las victorias en Oriente y el descubrimiento de civilizaciones más avanzadas, las vidas de los romanos sufrieron grandes transformaciones que se reflejarán en el concepto que tenían del jardín, que también soportó varios cambios hasta llegar a una nítida separación entre la villa rústica y villa señorial. La villa rústica se encontraba en el campo y los suburbios, y la señorial, en la cuidad.

Dejando atrás el jardín como un accesorio, en la vivienda itálica este espacio pasa a formar parte de la configuración de la casa al concentrarse en las vistas como uno de los elementos más importantes. El jardín sigue un eje de simetría con figuras geométricas, paseos delimitados por setos y adornados con asientos, estatuas, jarrones, fuentes y agua. Las especies tienen la función de ser sólo ornamentales; así el jardín va perdiendo el sentido utilitario.

La Edad Media

Tras la caída del Imperio Romano, las órdenes religiosas se preocuparon por recolectar los legados de la civilización antigua, entre ellos, los métodos de la jardinería. Por una cuestión de seguridad surgió la necesidad de destinar un espacio en los edificios monásticos para el huerto. Se cultivaban leguminosas, árboles frutales, hierbas aromáticas y medicinales y flores para alegrar la vista.

A partir del siglo XV la horticultura hizo rápidos progresos como consecuencia de las Cruzadas; así el huerto fue evolucionando al crearse varios recintos divididos por diferentes funciones en el cultivo de las especies:

  • Vergel: Con árboles frutales plantados en filas, arbustos y plantas ornamentales.
  • Huerto propiamente dicho, o utilitario: con hierbas medicinales, como menta, salvia, romero, tomillo, albahaca o ruda y leguminosas.
  • Jardín de flores exclusivamente ornamental: Rosas, violetas, lirios, jazmines, jacintos, lilas.

El jardín debía ocupar un terreno plano de varias hectáreas con forma cuadrada o rectangular, rodeado de muros altos, columnas con estatuas, chorros de agua cayendo en canales, pérgolas y emparrados con vid. En el vivero, se ubicaba un criadero de peces, un laberinto y una pajarera. La implantación del jardín medieval es completamente elemental y simplista.

El jardín hispanoárabe

La cultura árabe fecundó el arte de los jardines a través de importantes manifestaciones. Los conquistadores árabes, nómadas carentes de tradición arquitectónica, aprendieron la cerámica de Persia, la técnica de irrigación y el uso ornamental del agua de Egipto y las normas agrícolas de los romanos del África.

El jardín árabe está ligado al Paraíso, un lugar de delicias y placeres. Está concebido como una sucesión de espacios cerrados y recoletos, con patios interiores en las casas comunicados entre sí por pasillos pequeños divididos por rejas. Cada uno posee una fisonomía propia con terrazas escalonadas. El agua es el elemento decorativo de mayor visibilidad, que aparece en forma de fuentes, pilas o surtidores y se traslada de un estanque a otro a lo largo de acequias de terracota penetrando hasta los espacios cubiertos.

También es muy importante el uso de azulejos y cerámicas de colores vivos en pilares, asientos y estanques. Al no utilizarse la figura humana, porque la religión musulmana no lo consentía, los elementos decorativos son pocos y sencillos. Las especies vegetales más utilizadas son el ciprés, naranjo, limón, boj, lavandas, malvones y geranios.

El jardín del Renacimiento y el jardín italiano

A principios del siglo XVI, los arquitectos consiguieron tratar al jardín como un tema de su competencia exclusiva, sin estar sujetos a los caprichos de los jardineros o deseos de sus dueños, lo que representó toda una revolución. Con sus obras, Bramante y Rafael se constituyeron en uno de los tantos ejemplos del inicio de un movimiento que tuvo un amplio y fecundo desarrollo.

La moda de las villas fue muy importante en Roma y sus alrededores. El propio jardín tenía un carácter escultórico, escalonado en las laderas de las colinas, simétricos con cipreses voluntariosos y cascadas sobre paredes de mármol. Estos jardines respondían a un solo tema: el hombre como único centro del universo. Los "paisajistas" de aquel tiempo trabajaban en un diseño global, uniendo el campo con la casa antigua e integrando la panorámica exterior.

La intención de estos jardines era alimentar el intelecto. Por eso las esculturas ilustraban escenas de la mitología antigua, como las aventuras de caza. Esculturas y agua por doquier derrochaban placer en los jardines italianos, donde existían surtidores ocultos para mojar a los visitantes sorpresivamente. El agua estaba asociada a la fecundidad y abundancia de la naturaleza. Nunca aparece en forma natural, sino siempre artificial. Balaustradas, muros y escalinatas con caídas de agua son característicos de este estilo, terminando su recorrido en un remanso o estanque. La fuente es el rasgo del jardín renacentista que representa el descubrimiento del hombre en sí mismo.

Por otra parte, las grutas otorgaban al caminante un lugar fresco para descansar de sus paseos por el jardín. Las especies utilizadas eran sólo aquellas que podían acompañar y lograr el efecto arquitectónico del conjunto. Las perennes son las elegidas: ciprés, pinos, arbustos de follaje tupido que permiten el recorte como, por ejemplo, boj, tejo, laurel y mirto. Los cítricos aparecen generalmente en macetas, reemplazando a las florales que no son las adecuadas para este estilo.

Otra característica de este período son los laberintos, que fueron en un principio pequeños, pero luego con el correr de los años tomaron cada vez mayor importancia, llegando a tener una glorieta en su centro. El resultado final es una composición cerrada totalmente determinada, pero armónicamente organizada donde cada espacio está bien definido.

El jardín francés

El siglo XVI fue un período de transición para la arquitectura y el paisajismo. Al principio se dejó sentir la influencia del Renacimiento italiano en la reconstrucción de los edificios y castillos. Luego, se desarrolló una influencia de la interpretación francesa del Barroco. Su arquitectura era suave, sobria, las líneas geométricas se aplicaron tanto a las ciudades como a las casas y los jardines. Sus responsables pertenecían por lo general a las mismas familias acostumbradas a trasmitir sus experiencias de padres a hijos. El ejemplo más importante fue André Le Notre, quien tomaba las características del jardín italiano y la solidez del Renacimiento y entiendía al jardín como algo ordenado. Suavizó las durezas y los contrastes del italiano, y reemplazó el escalonamiento sistemático por suaves pendientes o escaleras cortas y anchas.

En el jardín francés no faltan recursos hidráulicos y vistas panorámicas. La concepción del jardín debe ser lógica y armónica. No se lo recarga de sombra, ni está demasiado al descubierto. El efecto que se lograba, era que el jardín pareciera más grande que en la realidad. Este tipo de parque pertenece más a la naturaleza que al arte, por ello, no hay muros muy altos, ni grandes escalinatas, ni fuentes excesivamente decoradas. Todos los elementos deben parecer que están colocados casi por la propia naturaleza, como un bosque puede utilizarse para cubrir una elevación, dando relieve y realzando los elementos planos.

Los espacios llanos debían estar cerca de las vistas de los edificios; por eso, los parterres, las terrazas y las rampas estaban acompañadas solamente por especies que permitieran el recorte a fin de que no obstaculizaran la visión. Estas vistas estaban equilibradas por espacios llanos, sin dejar el jardín al descubierto. Por ende, el jardín francés no inspira a su recorrido, sino que por el contrario, incita a la búsqueda y el descubrimiento. Los paseos podían ser simples o dobles; las empalizadas, cuyas copas se unen para crear pasajes a las sombras protegiéndose de los rayos del sol estuvieron siempre presentes.

El jardín francés emplea una mayor variedad de especies arbóreas preferentemente caducas, como por ejemplo castaño de la India, olmos, álamos, robles, tilos, abedules, laurel, pino y abeto. En cuanto a los arbustos se utilizaba el boj y el tejo recortados en forma regular e irregular, armando figuras o simples setos.

El jardín inglés

Hasta finales del siglo XVI Inglaterra había muy rezagada con respecto al diseño de jardines, sin ideas nuevas. Sólo hacia el final del reinado de Enrique VIII comienzan a construirse casas imponentes con jardines ostentosos y de profunda elaboración. El paisaje empezó a tratarse en forma más personal, y el jardín comenzó a ser el escenario para ubicar los elementos arquitectónicos. La propia topografía era la que indicaba dónde colocar los templos y obeliscos. Así, se crea un nuevo concepto del jardín: el paisaje romántico, aceptando a la propia naturaleza en sus diversas facetas, siempre buscando una variedad de composiciones en lugar de la dominación del hombre sobre ella. La escala y su sencillez son la mayor belleza, incluyendo el interés por la horticultura.

Las flores comienzan a ocupar un lugar cada vez más importante, con arrietes de florales y rosas ubicados cerca de la casa y en lugares especiales. Los edificios no ocupaban un lugar importante en la composición, sólo si albergaban las grutas que simulaban ser subterráneas, conectándose con grandes espacios de agua. Sus paredes estaban recubiertas de conchas, espejos y piedras preciosas. El empleo del agua en grandes extensiones reflejaba las siluetas de los grandes árboles con sus cascadas, logrando de esta manera un punto focal. Las estatuas aparecen recién a mitad del siglo XVII, ya que en esa centuria se aceptó que los jardines son obra humana, que pueden y deben parecerlo.

Durante aquella época hubo un rápido aumento de las especies vegetales conocidas, apareciendo así los invernaderos que en sus principios fueron creados para albergar las especies más débiles en invierno y luego conservar y propagar especies tropicales y exóticas.

El inglés es un estilo irregular con macizos florales y borduras con distintos estilos dentro de un mismo lugar. Gran Bretaña marcó luego la pauta de la planificación del jardín.

El jardín japonés

El profundo amor por la naturaleza constituye un rasgo principal del jardín japonés, estrechamente ligado a la arquitectura de la casa. Es una obra de arte pura. El jardín es para la contemplación, es la expresión y el símbolo del amor. Los japoneses practican desde hace siglos el arte de conformar su propio espacio verde. El budismo fue el responsable de introducir el arte de los jardines al Japón a principios del siglo V d.C.

El espacio verde japonés es exclusivo para el disfrute, no es utilitario, sólo brinda una bella visión desde el interior de la casa. Más que nada, es una sola unidad casa-jardín; por eso, las casas están rodeadas de grandes galerías.

El jardín copia la topografía del país: islas montañosas, mar de color intenso, playas, lagos, montañas, ríos y arroyos. La piedra, el agua y la roca son elementos tan importantes como las plantas. Debe tener troncos cubiertos de musgos, rocas, maderas y piedras gastadas por el tiempo, hierro y cobre. En este sentido, el jardín pretende ser una imitación de la naturaleza. Por eso, los japoneses son capaces de trabajar las especies en tamaños pequeños para, de esta manera, poder tenerlas en su jardín.

La ceremonia del té tuvo una importancia decisiva en los jardines como un lugar especial para que el visitante se olvidase de las preocupaciones mundanas. Las vallas, por su parte, constituyen un elemento de estabilidad y unidad.

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María Laura Vidal Bazterrica

Paisajista

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Currículum Vitae María Laura Vidal Bazterrica

 












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